Consuelo, diez años después..
La semana pasada, la Cacica Vallenata cumplió diez años de su partida, una mujer de carácter fuerte y sonrisa franca, sin rodeos.
Cuando ocurrió su trágica muerte, un grupo de músicos vallenatos estábamos en Valencia, Venezuela, entre ellos los Hermanos Zuleta, en la noche pude ver a un hombre triste, o mejor dos, Emilianito y Hugues Martínez, no es que los otros celebraran, es que ellos particularmente lloraban, en una sociedad en que a los hombres nos enseñaron lo contrario, lágrimas como si fuera una madre, una hija, una tía querida, algo muy cercano.
Siempre es triste ver hombres llorosos y si es lejos de la tierra peor, nosotros llamamos lejos a un metro de la casa por nuestra provincianidad de piel, nosotros a decir de León de Greiff, nos envenenamos con un recuerdo.
Luego al llegar al Valle, solo encontramos los rumores de su entierro, los periódicos y sus primeras páginas tristes, la gente vestida de blanco, la plaza llena, el alma de Valledupar vacía, es que la Cacica podía tener diferencias políticas, incluso personales, pero nadie quería que se muriera así, ella hubiera querido morir del mal de las abuelas, los años, los siglos con su eterno campaneo inaudible.
Quienes la tratamos por razones de oficio radial, aprendimos de ella, mas que por regaños, sugerencias o otras formas comunicativas, el idioma gestual, una mirada bastaba para saber que las cosas podían hacerse mejores y siempre quería lo mejor, su pasión por el idioma y por la vallenatía misma, es claro ejemplo.
Escribirlo todo, recordarlo todo y decirlo todo sin esconder nada, fue siempre su bandera, con ella, o al menos bajo su directa o mediana tutela, aprendimos a diferenciar, lo que es verdad y lo que es pasión, la Cacica tenia pasión por la verdad, pasión por las cosas sencillas y por los niños, igual tenia compasión por los necios, los bulliciosos y hasta por sus contradictores que los tuvo y fuertes, pero esa no es la historia.
Hoy veo algunos, sobre todo colegas, hablando de su amistad con ella, cuando nunca se les notó en vida, dizque seguidores de sus pasos que aun no saben leer y menos escribir siquiera medianamente, en fin, personas pretendiendo meter gato por liebre, a sabiendas que la querían lejana (no fallecida, es cierto) para que no vigilara sus pasos, no tan santos casi siempre. (Quisiera publicar la lista).
Consuelo, fue tan clara con sus amigos cercanos, y hasta con sus contradictores, musicales y políticos, dos ríos donde ella le apasionaba nadar, y bien que lo hacia en ambas corrientes.
Cuanto perdimos no haberla tenido de gobernadora, es ejercicio de expertos, pero cuanto hubiéramos ganado con su gestión, es algo que hoy y siempre lamentaremos todos, es que al perder a la Cacica, perdimos todos, repito hasta sus contrarios que los tuvo y de frente.
No fui de sus aposentos, como decimos en el Valle, pero sentí su aprecio personal y público muchas veces, con su partida fui uno de sus damnificados, pero ese es otro cuento, cuando hablo con los viejos colegas de Guatapuri, confiesan sus temores al pronunciar palabras, confiesan que cuando la nombraron de ministra, descansaron un poco, es que esa manera de corregir palabras y frases mal dichas, y más cuando alguien no conoce los diccionarios, debe ser duro, era su vicio, un vicio feliz para quienes de tercos nos gusta asomarnos por los caminos de las letras.
El mundo sigue hoy, con sus guerras, sus sueños, sus esperanzas como siempre, son sus hijos quienes deben mantener su legado en los genes, ahora con uno de sus polluelo en su patio radial, se están notando las reglas del orden, varios chorros cortados
( muy tarde es cierto) es una muestra. Ahora a todos los vallenatos y guajiros nos queda su recuerdo y al
decir de Gustavo Gutiérrez a Pedro Castro, “Ya no hay quien pida, no hay quien clame las cosas que hay que tener”. Caciquista por siempre y claro Diomedista también, que queda claro!