Mujeres metálicas

Valledupar, junio 01 de 2011. (www.elpaisvallenato.com) Las mujeres si no existieran habría que inventarlas como dicen de Dios, yo al igual que  Ricardo Arjona, hubiera dado mi columna vertebral por verlas andar, pero este último siglo  ha traído unas desventajas que las desnaturalizan, en algunos  temas educativos sus logros  me parecen interesantes y mas que merecidos, después de tantos siglos de esclavitud en todos los géneros, aún nos queda algo lamentable en religiones islámicas, pero esperamos  se liberen rápido.

En aquellos tiempos del siglo pasado, todavía encontrábamos mujeres totalmente naturales, desde el cabello, hasta los pies, hoy la cosa es tan distinta, que uno no sabe si está con un maniquí que habla y medio entiende, o con una mujer capaz de querer,  reír, odiar y parir. Que la industria de la moda vive de ellas y para ellas no es secreto, basta que decidan raparse todas sus cabezas para ver inmensas fábricas de champús, enjuagues, tintes, estilistas, fotógrafos, en fin una larga cola de desempleados, tan larga como sus colas – de cabello- en días pasados. No mencionemos las orejas, porque de inmediato joyeros y artesanos se van a la quiebra.

Si deciden no pintarse los labios, pobres los fabricantes de esos productos, y ni que decir de las revistas rosas, sin pensar que por esa pintura llamativa e insinuante muchos hogares llegaron al final, cerrarían de inmediato los juzgados de familia, por su culpa, no de ellas, que penas las usan, sino de nosotros los hombres que nos encanta quitárselos, sin esconder su delicioso, perverso y feliz indicio aventurero, con lo machistas que nos criaron.

Bajemos un poco a sus senos, esos órganos hechos para dar lactancia a sus criaturas, pero mientras llegan y después hasta determinada edad, las utilizamos como pretextos entretenedores, dizque para abrir la llave y a veces abrimos otra cosa, si  es que alguien no se nos ha adelantado, si supieran lo bonita y felices que las féminas se ven sin  sostenes, brassieres y como los llamen, pero es la gran industria la que las obliga, aun desde niñas con el sugestivo nombre de acostumbradores. Acostumbrase a qué?

Una  experiencia personal me pasó en pleno festival vallenato pasado, salí con una amiga de juventud al igual  que yo, llegando al quinto piso, aunque ella no  pasa del tricinco,- me dijo- , pero fue una jornada que merece todo un tomo literario. Ya en el lugar acordado, recuerdo que de su cabeza bajó una cabellera que llaman extensiones de color miel y las puso sobre la mesa, luego unas pestañas largas como bigote de gato en otra parte, sus ojos que antes eran negrísimos y encantadores, hoy son verdes como mares, un piercing, o como se llame entre sus fosas nasales y sus dientes toda una cerca de alambre que llaman braques de color azul, seguí hacia abajo y encontré unos bultos grandes y duros llenos de una sustancia que llaman silicona,  si mal no recuerdo, ( y yo que esperaba los volcanes de campesina santandereana que escuché en mi juventud) intenté abrazarla y me encuentro con una piel de elefante, como de corsarios, esa vaina la llaman faja, ahí llegué tan cansado que preferí citarla para  el festival 2012.

Felices nuestros padres y abuelos que encontraron un mundo natural en las mujeres, por eso cantaron a sus ‘Cabellos largos’, Dientes de marfil’, ‘Los aretes de la luna’, Boquita salà, o besitos de coco, a sus ojos le hacían canciones como ’Mírame fijamente’ hasta matarme, Ojazos negros, ‘Besos de grana’, ‘Labios rojos’, incluso a las mujeres las llamaban damas de hierro, como a Margaret Teatcher, no precisamente por el uso de ese metal, sino no por su carácter, o la diva de los ojos violeta, como a Elizabeth Taylor que acaba de partir..

Ya no podemos enredar nuestras ilusiones en sus cabellos, como lo hizo Fernando Meneses, sus sonrisas son digitales y todas iguales, según las revistas y quien quiera tomar vino en sus ombligos de manera romántica, hoy posiblemente lo encuentre lleno de alfileres, ni que decir seguir bajando por el famoso monte de Venus, es hoy un desierto desolado y triste como la misma Guajira o la Tatacoa huilense. Que decepción!

Tan lindas cuando se podía hacer cosquillas en sus laterales, incluso besitos detrás de las orejas al comenzar el baile, hoy puede Ud. salir herido por un arete en forma de flecha, puntiagudo y de pronto envenenado. Adiós a las tocaditas inocentes de nalgas en los cursos, nada sienten por que una  capa de botox cubre esas cosas, adiós a aquellos besos frescos y puros, hoy son sabores artificiales y con alto contenido de corega en las mayores.

Pero no todo es malo, una generación de mujeres está volviendo al vestido y a las faldas y podemos distinguirlas al menos en el vestido, hace apenas unos meses uno no sabía si era una hermosa mujer o un juvenil vaquero del oeste. Algo debe pasar para alegrar el corazón.

Edgardo.mendoza61@gmail.com

 
 
 
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