Viernes, 10 Febrero, 2017

Síguenos  en:

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
 

Cuando Badillo  era una fiesta de arroz y carnaval
Por: Edgardo Mendoza Guerra, especial País Vallenato.
Fotografías: Jesús Alberto Palmera Guerra.

 

Yo venía del desierto donde el agua saluda limpia desde el cielo, y por gotitas  se cuentan entre los dedos. En Badillo estaba el diluvio universal. Parecía un pueblo salido de un inmenso lago y puesto a secar a la orilla del  el rio que lleva su nombre. Grandes, medianas y pequeñas corrientes por todas partes llenas de peces y culebras negras, no eran mi encanto. En mi  tierra nunca hubo culebras negras,   a veces  algunas “bejuquillos” delgadas y mansas como un silbido,  que podían utilizarse como cordones de zapatos, y algunas “falsas corales” semejantes a collares que los gatos infantiles jugaban con ellas. Entonces Badillo era otra tierra, otros ríos, otra gente.

Badillo, desde la carretera anuncia que tiene cuatro santos y cuatro sacerdotes para que cuiden a su gente.
El cerro de la Campana, alli vivio un tigre hasta 1949, solia subirle a tomar el sol en la piedra y cazar al bajar al rio.
Los arrozales son su fuente de trabajo y encanto. Desde siempre Badillo es despensa alimentaria en la costa caribe.
Maquinarias que dejan huellas entre el agua, hombres de trabajo y bohemios eternos.
las tiendas de ayer y de hoy

Los guajiros conocemos el “chasquido” de la serpiente cascabel,  anunciando y previniendo, pero nunca la vemos, pues somos obedientes a cualquier aviso de la naturaleza. Los abuelos decían que cuando olfateaban olor a tigres  en los cerros,  cerraban las puertas con trancas  hasta el amanecer, por eso nunca los atacó un felino. Hace muchos años había tigres, luego muy tristes se internaron en la sierra para no regresar.

El Pais Vallenato envia su reportero a la ruralidad. Edgardo Mendoza Guerra por los caminos de Badillo, histórica y colonial región del Cesar.
En su Kz que los sacerdotes cambiaron por la paloma Casera y no Afuera!
Edilsa Lopez, reina del Carnaval en 1974, luego en Patillal en 1975, Barrio en La Junta en 1979 y hace dos años en Barrancas Guajira reina eterna siglo XXI.
En las tardes los loros y las vecinas miran al pueblo.

Cuando pasé por Badillo con mi abuelo Toño, tenía tres años, jamás pensé que viviría en “El Carreto”, y estudiaría un año primario en su escuela. La profesora Erika tenía unas piernas gruesas y blancas,  cabello negro, una boca pequeñísima que insinuaba volvernos adultos; los otros maestros eran de tiza y tablero. Alexis  Robledo un negro educador y temible, con caligrafía de arquitecto. Jorge un fonsequero alegre y despreocupado. Hugo silencioso y dedicado. Tulio Torres un gozón que tocaba guitarras.

Del campo a la escuela

Para llegar a la escuela atravesaba en un caballo rojizo todos los ríos hasta llegar al pueblo.  Acequias para los nativos. Los arrozales verdes eran mi horizonte, unos pájaros negros que llaman “Yolofos” era la preocupación de los “pajareros” que con sus perreros hechos de trueno y fuego  los alejaban. Nunca aprendí a sonar perreros. En La Guajira sur, las aves son inocentes, con poner un muñeco grande, alón y de colores a mitad del maizal, basta. Un espantapájaros serio. Nunca aprendí a ordeñar vacas, nunca me gustado la leche,  ni jugar barajas, ni dominó, a veces pienso  que nunca he servido para nada, pero eso no es delito..

En el curso, cuatro muchachos. Gelmán, José Vicente, Oscar y yo.  Algunas niñas pasivas y alegres, distraídas siempre. Carmen Edith que cantaba vallenatos, pero se murió siendo niña. Angélica delgadita y coqueta, Judith bella e inocente, Consuelo silenciosa y a veces triste; Ligia la bullanguera, con el tiempo fue reina de carnaval, hoy vive en New York y no sabe pronunciar Badillo en español. Milenny Barros, monita de ojos verdes un día se enfermó y partió al cielo sin despedirse de su escuela rural mixta. Quien ha podido olvidar a Carmen Zabaleta que solo sabía reírse?   O  a Soledad que nos dejó solo como su nombre?

Aún recuerdo su carita buena y distraída.  Una compañera  que le decían “La niña”  tenía el cabello rojo como tomates. Las otras eran mayores del curso superior,  María del Rosario, Olaris, Eglenia, Leonor, la de Calixto, Nancy y la muchacha de una finca cercana, Marlene  Cohen, posiblemente nieta de judíos huyendo de tantas guerras religiosas, nunca supo que su bisabuelo Samuel T. Cohen fue uno de los físicos que estudió los neutrones, y la bomba atómica, que años después destruirían Nagasaki en las guerras mundiales, supimos después  en clases de geografía e historia en nuestro bachillerato. Nunca volví a ver a Marlene, debe estar huyendo siendo inocente.

Cultivos verdes, y un dictador..

La plaza estaba llena de agua por todas partes y los tractores dejaban sus huellas como un ciempiés entre el barro. El viejo Gregorio Díaz guardaba celosamente “La Custodia” que unos curas quisieron cambiar. O cambiaron. La iglesia estaba sola y sin puertas. Olvidada. Los agricultores guardaban allí sus venenos y abonos, y los burros se escondían de la lluvia bajo su techo. Hoy es un palacio otra vez. Ana Zoraida Díaz tenía una tienda grande, donde siempre llegaban acordeonistas y políticos. ¡Siempre ha habido políticos!

Isauro Argote despachaba feliz  en su colmena,  vivía con Gladys que tenía una prima, -Piedad,- era bonita y venia en vacaciones. He buscado la cara de esa muchacha en todo el mundo, pero ni su nombre encuentro. Alguien lo sabe un siglo después?

La planta eléctrica era verde y quedaba en la plaza. El

maestro Julio Alvarado era el jefe. El tanque del acueducto era altísimo y los más atrevidos pasaban las tardes encima. La cantina de Marín era bullosa, mientras que el billar de David, detrás de la iglesia  era silencioso y sereno, ahí jugaban los policías del pueblo dejando sus aburridos fusiles sobre las mesas, mientras el sargento Nasser,  siempre de cara dura, mandaba a dormir a la gente cuando le daba la gana como cualquier dictador del caribe. Como Trujillo, como Somoza.

En las mañanas cuando iba a la escuela, frente a un portón y cultivo de arroz lloraba un hombre solitario. Tenía una camioneta pequeña pintada de gris y rosado y carrocería marrón. Era de Patillal. No hay cosa más dolorosa que ver llorar a un hombre de día y solitario. Mucho tiempo después, supe que era Aldo, había herido por celos a su hermano Freddy Molina un querido compositor vallenato. Fue una tragedia familiar que puso a mi niñez como testigo ocasional en el dolor del culpable.

Tiorra, un hombre, un truco, un imperio

Mi padre, desde “El Carreto” con precisas instrucciones me autorizó   que cada mañana, “Tiorra” Rafael Guerra, cercano pariente de los Guerra nuestros, sacara un pote de leche porque vivía solo con los hijos. El viejo Rafa era hábil. Muy hábil, de manera que sacaba hasta tres potes de la tina y vendía a los vecinos. En tono infantil le recordaba que solo era uno, y él ripostaba con una seriedad de magistrado: Yo no me arreglo con pelaos…

En noviembre el rio estaba lleno de peces por todos sus afluentes. Las orillas llenas de “bocachico” brillaban como plata. Los lugareños pescaban con todas las herramientas legales y prohibidas,  entonces en  los patios de las casas los alambres de secar la ropa, los reemplazaban  para asolear y salar pescados. Isaías López era comerciante de dinamita, pero “Tiorra” siempre estaba en el negocio. El señor López vendía y ya, incluso compraba el producto para otros pueblos. El viejo Rafa vendía,  acompañaba a la pesca y dividía entre tres, por lo tanto siempre ganaba el doble o más! El viejo Rafa no fue un comerciante cualquiera, tenía siempre un sentido superior de las ganancias. Y manejaba los intereses como los paraísos fiscales de ahora.

la iglesia colonial con muchos siglos renace, la religiosidad es parte de sus habitantes.

Badillo era un pueblo redondo, giraba alrededor de la plaza, solo el barrio Novalito era distinto. Era la entrada de Patillal. Los guajiros entrabamos por la escuela y la casa  del viejo Eugenio con su platanal. Los villanueveros entraban por la casa de “Chenta”, mientras la gente de “Las Raíces” lo hacía por “El matadero” Eran cuatro caminos, mil destinos, un solo pueblo tranquilo y acuoso.

Las fiestas y el gol de mi vida..

En las fiestas de San Antonio había partidos de futbol interpueblos,  tremendo lío para dejarme jugar, debe ser que no fui buen futbolista, de manera que ese sábado por obra y gracia quizás de quien, me metieron al juego. Ya casi al final y sin goles, el balón por mi tamaño cayó sobre mi cabeza y…Gooool! Ganamos el partido. Fue el único día importante en mi vida.

Hoy la iglesia tiene cuatro divinidades. San Antonio, El Patrón, La Virgen del Rosario, San Pablo y el Divino Niño. El poblado tiene cuatro sacerdotes nacidos allí, Ramón Alonso, Manuel de Jesús, Juan Carlos, y Hugues, ya no está el compadre Colás en Guerra en la puerta de la iglesia con una pistola 45, como cantaba Escalona.

El pueblo dividía los meses entre arroceros, ganaderos, pescadores y músicos bohemios. El viejo Juancito Zabaleta ponía a chillar un viejo acordeón nostálgico, mientras Nino Verdecia enseñaba a escribir a los muchachos en su asiento eterno.  A Jesús Vega, que más tarde aprendió acordeón, la maldita guerra lo mató sobre su caballo una tarde trágica que nadie quiere recordar. Y claro, “Tiorra” compró un acordeón, aspirando para que hijo Fernelis en menos de una semana tocara “La hija de Amaranto” un clásico de Alejo Duran, pero  al mes apenas sonaba  “La piña madura”. Resultado?  El noble instrumento lo negoció con unos finqueros de Patillal..

Pueblo del caribe que se respete, tiene apodos. El Guare, Abusajo, el Goñe, Pategrillo, Mulengue, La Grulla, Chino Muegue,  Capindo, Luchito, Mirongo, La Runga, La Renga, Vegerana, La Cuti, Juma, Curdene, Panchita, Chayo, Pepebola y Marcelina La fácil, forman parte del paisaje humano de cada poblado.

Debajo de los grandes mangos de la Plaza, estaban unos kioscos llenos de fantasía, donde mujeres  y muchachos tomaban Kolcana frías todas las noches, y los hombres cervezas  para pagar los sábados. El “Pepo” López, todo un personaje se opuso como león bravo para  evitar el “manguicidio”  y construir la nueva plaza, pero como siempre ganó la política y perdió la naturaleza. EL Pepo es todo un personaje, nunca sabemos cómo será Badillo sin Pepo, ni Pepo sin Badillo. Ya lo verán.

Abogado Leonardo Manjarrez
Pepo Lopez
Rey Momo Luchito Guerra, jefe de estancos Mirongo Guerra.

La guerra, imposible no llorar..

A pesar de ser un pueblo pequeño tenia tiendas con caras de almacén, vendían sombreros y perfumes, hamacas y zapatos, regalos y lapiceros, carteras y platos. Todo al tiempo. Los ganaderos de San Juan y los arroceros de La Junta y Patillal, eran la bulla. Luego  los mismos pobladores hicieron sus pequeñas fortunas con trabajo y experiencia. Se avisparon! Los viejos vallenatos solían referirse a ellos con la frase: inocentes como  badilleros de los de antes..

En este porton, un hermano lloraba al poeta Freddy Molina, hasta las tragedias pasaron por aqui, llenas de cantos..

La cosa cambió, hoy sigue siendo un pueblo alegre, con profesionales en todos los campos, con trabajadores en todas las empresas, con recomendaciones en todo el mundo. Gelman es rector del colegio y José Vicente hace veinte es el inspector de policía, Oscar se toma sus cervezas, se pinta el cabello, se ausenta del pueblo y regresa sin avisos. Ayer eran conmigo los niños del curso.

Hoy, una nueva plaza con “Custudia” para todos es su encanto. Los parranderos de divierten felices, sin olvidar a sus muertos de la guerra, Fernelis, Juvenal, Pedro Guerra, Jesús Vega, Adaulfo y su muchacho, el profesor Hidalgo y otros que apenas anteayer sonreían por sus calles con sus cuentos y sus luchas.

Volver a Badillo es siempre un reencuentro con la vida misma y sus costumbres de agua. Algunos tienen la antigua costumbre de desayunar con arroz como los pájaros, otros se dejan puestas las botas arroceras todo el día, algunos huelen a veneno y el ruido del motor de fumigar es su compañero. Las mujeres siguen bellas, pero algunas son extrañas, Blanca Mendoza dice que el festival del arroz solo deja ingratitudes, ahora es la dueña del “Sabor Criollo”. Angélica sigue tan bonita eterna y Judith tiene un hijo sacerdote que en las prédicas dice frases de canciones vallenatas, para que los pecadores comprendan mejor las cosas de Dios.

Fidenciano recuerda carnavales y Faustino ya no asusta con cangrejos vivos a los muchachos diciendo que son arañas gordas del rio. El “Cacique” Diomedes sigue sonando en las cantinas, para ellos nunca morirá.

La tarde se despide, entonces una maquina combinada de marca “Jonh Deer” cruza la plaza hacía los campos amarillos de arroz para cortar, todos saben que tiene un nuevo conductor, pero es el alma de José Añez quien la mueve. Dios no olvida a Badillo, sus políticos  muchas veces, ése es su oficio, olvidar y pedir que no los olviden.

 
 
 
 
COPYRIGHT © 2006 ELPAISVALLENATO.COM
Calle 15 No. 11a-56 Local 205 Edificio Mileniun Plaza Telefax: 5803172 móvil 310 731 61 18 - 315 681 02 16 Valledupar – Cesar – Colombia
E-mail: elpaisvallenato@gmail.com_tarynescalona@gmail.com_ rosapink90@gmail.com